Hoy estuve de nuevo en aquella estación de metro. Te recordé obviamente… a ti y a la situación que nos envolvió... claro que tú nunca supiste que estabas implicada. Aún me cuesta comprender porque te seguí…Sólo recuerdo que iba a mi casa después de la U en la micro, camino al metro. Tú subiste con dos niñas más y yo te quedé mirando de inmediato. Ibas con uniforme escolar, quizás si hubiese memorizado el nombre de tu colegio (que estaba bordado en la polera), hubiese averiguado la dirección y te hubiera ido a esperar babosamente un día. Te habría abordado con cualquier excusa… sólo para escuchar tu voz refiriéndose a mí y sólo a mí.
Te miré detenidamente mientras estuviste de pie cerca de mí, mi posición era excelente, al ocupar un asiento tenía una vista privilegiada de tus piernas adolescentes. Noté que estaba cerca de la estación de metro y me paré, bajé por detrás, no sin antes intentar darte un último vistazo. No te vi.
Caminé hacia el metro y de pronto reconocí tus piernas torneadas entre la gente. Ibas mucho más adelante que yo… probablemente habías bajado por la puerta de adelante. Sin saber por qué, comencé a seguirte. El movimiento que tus caderas le regalaban a la pequeña falda plisada era provocador y me hacía pensar en que tus contornos eran más curvos de lo que había pensado en un principio. Estabas bien formada… a pesar de tus 15 ó 16 años. Te seguí por el túnel de la estación. Tú subías por la rampa para discapacitados, yo inteligentemente subí por las escaleras, pues estaban más desocupadas. En la entrada de la estación te alcancé. Te tuve tan cerca que sentí tu olor y las inmensas ganas de abrazarte fueron difíciles de contener.
“Ojalá vaya hacia donde yo” –pensé. Grande fue mi sorpresa y mi gusto cuando te vi delante de mí en la fila tras los torniquetes, con tu pase escolar en la mano. Esforcé mi vista, pero no logré leer tu nombre. Ibas hacia donde yo, bajamos casi al mismo tiempo las escaleras. No habías notado que te seguía desde que te bajaste de la micro. Y si lo hubieses notado, no habrías temido, no suelo causarles miedo a las mujeres.
Una vez en el andén me ubiqué detrás de ti. Tu olor hizo que mi nariz se animara. Olías tan suave. Tus movimientos eran tan delicados. Si hubiese podido, te hubiera tenido abrazada un día entero, sin que importara el hecho de que no conocía siquiera tu nombre. Pero… ¿importaba realmente saberlo? ¡Ay niña! …si hubieses sabido que eras la primera mujer que me hacía sentir esto después de años… Me hacías sentir algo que pensé no sentiría más… algo que en un momento tildé de “vacío”, de “sin importancia”, de “pasajero”… pero sentía que contigo podría ser eterno.
Seguía mirándote, estabas parada al lado mío en el andén. El llevar lentes de sol oscuros, me permitía perder mi mirada en tus piernas, en tu peinado juvenil, en tu cuello delgado, en tu indiferencia adolescente, sin que lo notaras. El metro se acercaba y yo subiría al vagón que subieras tú. Te subiste, te seguí.
El metro iba lleno y eso facilitó el contacto físico. Tu hombro en mi brazo, tu aroma en mi nariz. Eras bajita y eso me gustó… podría besarte la frente cuantas veces quisiera, (si es que tú quisieras).
Se desocupó un asiento, me senté y obtuve una posición privilegiada una vez más. Tus piernas torneadas y algo pálidas… ¡cómo me gustaba tu color de piel y la suavidad que, adivinaba, poseían tus piernas! Bajaste antes que yo… y yo estuve a punto de seguirte, pero era tarde, tenía que estudiar, no tenía nada de que hablarte en caso de seguirte y además nada me garantizaba que no fueras heterosexual… ¿qué pasaría si te invitaba salir?, ¿qué tal si terminabas considerándome tu amiga y eso incluyese contarme con detalles tus conquistas masculinas? …noooo… era mucho riesgo… y el llegar a los veinte me puso fome*… ya no despedía esa chispa que despedías tu.
…Hoy cuando subí por la rampa para discapacitados, recordé los pasos que ese día dabas por ahí y mi frenético caminar a unos metros de distancia, para no perderte de vista, para seguir sintiendo tu olor… Hoy te recordé y quise verte de nuevo. Hoy te hubiese hablado, te hubiese dicho algo que te obligase a pronunciar tu nombre, algo así como: “¿Claudita? ...tú eres la hermana de la Maca, ¿verdad?”.
Me siento tan macho a veces… mis técnicas son tan terribles como las de ellos. Es que nunca he intentado conquistar a una mujer, soy inexperta. Una vez lo logré de manera accidental… y como fue accidental cayó ella y caí también yo… me debe haber empujado. En ese entonces yo tenía como tu edad, tenía tu chispa y tu poder de poner en duda la orientación sexual. Tenía el mundo a mis pies. "Little 15" de Depeche Mode comenzó a sonar en mi pendrive. "Pero qué canción más ad hoc" -pensé.
Mi celular vibró ese día, dos estaciones después de tu partida. “Marcos llamando” –leí en la pantalla. Mi novio… una careta más, él es como la misa del domingo, es parte de mi hipocresía. Recordé que en su celular mi número está guardado bajo el nombre de: “Mi amor”. Pensé entonces en su cara al marcar mi número y encontré todo tan patético. Quise no contestar, quise retroceder dos estaciones y comenzar a buscarte por las calles. Besarte aunque llamaras a la policía, bueno… encontrarte primero. Poner mis brazos alrededor tuyo y luego besarte. Quizás hubieses mordido mi boca, te habría dado miedo, es obvio. Talvez me hubieses mordido, quizás me hubieses hecho sangrar. Pero habría valido la pena.
…En vez de eso, apreté el botón verde del celular. “Aló” –dije. ¡Los veinte años de edad, me habían vuelto tan fome*!
*Fome: alguien aburrido. 2 Persona que aburre a los demás. 3 Persona que no toma riesgos.
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8 se han pronunciado:
Me voy a comprar uno de esos gadgets que usan los detectives en las películas gringas, de esos que se disparan a los autos y funcionan como un tracking system (sí, eso pasa cuando agarras la costumbre de no leer todos los subtítulos), de esos que sirven para rastrear para luego matar al narco que te quitó la plata en el poker. Uno de esos pero que se pegue en la ropa que el universo manda para agarrarte para el hueveo, rastreo y... bueno, nada porque tengo veinte.
*en la ropa de la gente que el universo manda...
tengo veinte, me como palabras.
tu cada vez me confundes mas con tus textos :S el problema es que me haces creer todo lo q escribes ...pero eres preciosa, eso lo remedia todo.
tanto tiempo...cierto?
"Mi novio… una careta más, él es como la misa del domingo, es parte de mi hipocresía."
Ya te comente lo que me pareció el relato "vía interno”. . . así que solo ensalzo esta frasecita que me parece el punto alto.
bye
Como siempre, tu escrito hizo que de alguna eztraña manera me metiese a la estcion de metro y me bajase contigo de esa micro x) Me agrada eso de leerte, es divertido.
I bueee si las estaciones d metro hablaran... Nunca más pasaria por Bustamante.
Saludos muchacha ^^
Una vez le regalé un poema a una escolar que no conocía. La vi un año entero en la micro y le regalé un poema, medio trillado. No le hablé, se lo entregué a lo que se bajó de la micro y la micro partió. No la miré.
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Si, las estaciones de metro son algo complicado. A mi me duelen las de la linea 4, por que son todas parecidas... pienso podría salir alquien a quien no quiero ver de cada una de las escaleras, por cada uno de los torniquetes y delante de todas las boleterías, no solo de la estacion que ya no puedo pisar.
hay un rollo muy grande con lo obsesivo y los uniformes escolares en tus cuentos
eso , que tengas un buen año nuevo,
chau
me gustó... logras una sinvera ambiguedad... hay unas cosillas que me pertubaban de tu redacción pero detallarlas sería fome...es que los treinta me ponene aún más fome que los veinte...
adios bombim
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